Entrevista a Mario Mendoza
PUBLICADO: 2011-07-26
Quizás los lectores peruanos lo recuerden por su novela Buda blues. Los mismos lectores que ahora apreciarán Apocalipsis (Planeta, 2011), la nueva novela del escritor colombiano Mario Mendoza, con la que cierra su ciclo de novelas urbanas. Mendoza se encuentra en Lima participando de la Feria Internacional del Libro (FIL-2011).
Entrevista CARLOS M. SOTOMAYOR
¿Cómo empieza este ciclo de novelas urbanas?
En realidad yo empiezo trabajando literatura fantástica, con un libro que se llama La travesía del vidente, que es un libro con el que gano el Premio Nacional de Literatura en Colombia, en el año 1995. Pero, siendo ese mi primer libro escrito, no el primero publicado, yo tuve un viaje a Israel. Y el salir de Colombia y estar tan lejos fue muy importante porque al regreso me doy cuenta de algo que no había percibido en mis años de juventud y es que ya no me interesaba tanto una literatura del canon, no me interesaba tanto una literatura de la erudición culta de la biblioteca, que fue la puerta por la que ingresé. Y yo mismo era un académico, un profesor de letras universitario. Ya no estaba tan interesado en componer una obra en esa línea. Estaba más interesado en el caos y en la desmesura urbana y en aquello que veía que estaba conduciendo a buena parte de la población a un horror silencioso del que nadie hablaba. Y esa violencia psíquica, de terror y pánico que estaba en la sombra de los ciudadanos, fue algo que me sobrecogió. Y quise componer una obra sobre eso.
El ciclo se cierra con la aparición de Apocalipsis. ¿Cómo así?
Se cierra como un grupo de amigos, de personajes que se van cruzando de unos libros a otros. Pero, claro, la labor continúa y tengo que ingresar quizás por otros conductos, por otros corredores. Pero creo que el universo en general y mis obsesiones se van a mantener; pero ese ciclo tan compacto está cerrado.
Claro, inevitablemente éste es el que cierra todo, es una especie de testigo final que habla sobre los otros, pero yo estoy muy satisfecho, me parece maravilloso poder cerrar uno de los grandes problemas a lo largo de una obra de estas características y es la pregunta si es que vas a poder terminarlo.
Claro, porque entiendo tus libros como partes de una obra mayor, digamos.
Sí, exactamente. Es un rompecabezas. Y va en la línea de otros autores que han escrito libros que se conectan en trilogías, en cuartetos o quintetos, incluso. En mi caso, son varios libros de cuentos y novelas que van armando el universo propio. Y eso era lo que quería desde el comienzo.
En el libro el tema de la muerte está muy presente…
Yo creo que la muerte es indisoluble de la creación. Creo que es muy difícil ser un artista y no obsesionarse con eso, porque es uno de los grandes temas: el final. Y el final significa también una reflexión sobre la caducidad, sobre la impermanencia, sobre lo irrelevante, en realidad, lo poco importante de todo. Y saberse transitorio es una de las experiencias más aterradores pero también más maravillosas. Y yo creo que cruza toda mi obra. Ahora, es imposible no pensar en tanatos sin pensar en eros: el sexo y la muerte son dos fuerzas que cruzan mis libros desde el comienzo. Pero creo que es una constante en la gran mayoría.
Otra característica que en encontré es la onda reflexiva que hay en la novela.
Creo que eso obedece a haber elegido personajes de clase media, intelectuales. Y todos los libros tienen un hilo narrativo muy claro, se cuenta una historia, pero es imposible que ellos no piensen, no reflexionen. Si tienes un personaje distinto se ve forzado, pero si tienes personajes que pertenecen a una clase media ilustrada te puedes permitir ciertas licencias, sin que la novela se vuelva un desvarío intelectual o una reflexión que atente contra el hilo argumental, que sería gravísimo, que a veces los veo en libros de otros escritores. No me gusta cuando la novela tuerce hacia el ensayo y se queda extraviada allí.